Que la pesadilla te acompañe

A ti, dirigente, gobernante, directivo que decides nuestros destinos, te deseo que tengas una pesadilla recurrente. Que cada noche cuando caigas dormido, ésta sea tu pesadilla:

Has perdido tu trabajo sin saber cómo y de repente, no puedes pagar  tu casa. Esto se prolonga en el tiempo, hasta que ya no puedes pagar ni comprar nada, ni llevar el coche a la gasolinera, ni ir al supermercado. Tras varios avisos del Banco, finalmente te desahucian y te quedas sin casa. Nadie de tu familia está en situación de ayudarte y te ves en la calle. Sin saber cómo, has pasado de una cómoda vida a no poder vivir, no tienes dónde estar, comer, ni dormir. En tu pesadilla, te ves buscando en un contenedor unos cartones, los menos sucios, para arrastrarlos hasta un rincón que te ha parecido discreto, donde podrás pasar la noche. Esto se solucionará, que no se entere nadie, pero, esto no tiene solución y se prolonga. La gente a la que conocías y todos tus amigos, no son sino gente de la que te escondes por vergüenza. Lloras en silencio, tapado con unas viejas mantas, detrás de unos cartones. Y una vocecita te dice: – Tengo hambre.  Sí, es tu hijo, también tienes un hijo. Una bendición de hijo en una maldición de vida.

Te deseo, que te despiertes  agitado tras este sueño y que no te abandone esa onírica angustia durante el día, mientras estás trabajando, que cuando llegue la noche, en tu magnífica habitación de muebles caros y sábanas finas, al apagar la luz, vuelvas a caer en la misma pesadilla otra vez y otra, noche tras noche. Conforme pasen los días, tu cara reflejará una angustia que nadie te conocía. No podrás concentrarte en tu trabajo. Tus compañeros notarán que no eres el mismo. No rendirás. Los asuntos pendientes se amontonarán en tu mesa. No podrás firmar esas órdenes de desahucio, porque tendrás la sensación de estar firmando la tuya. No podrás vender a ese cliente ese producto basura, porque a la noche tú vivirás sus consecuencias. No votarás esa ley que puede dejar a tanta gente donde tú pasas todas las noches.

Te deseo, que ningún fármaco consiga que duermas en paz. Que ningún terapeuta consiga aliviarte, hasta que tú, por fin un día, tomes conciencia de las consecuencias de tus actos y decidas a partir de ese momento, ser humano, honesto, justo y solidario. Y que sólo entonces, acabe tu pesadilla.

Felices sueños

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